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Beatificación de Sor Agustina Rivas (Aguchita)
Sor Agustina Rivas López, o Sor Aguchita, como le decían de cariño, nació en Cora Cora, Parinacochas, departamento de Ayacucho, Perú el 13 de junio de 1920. Su nombre de pila era Antonia Luzmila y era la mayor de once hermanos. Sus padres la educaron cristianamente y la rodearon de cariño. Al vivir en el campo gozaba mucho de la naturaleza y era muy alegre.
Sor Agustina Rivas López, o Sor Aguchita, como le decían de cariño, nació en Cora Cora, Parinacochas, departamento de Ayacucho, Perú el 13 de junio de 1920. Su nombre de pila era Antonia Luzmila y era la mayor de once hermanos. Sus padres la educaron cristianamente y la rodearon de cariño. Al vivir en el campo gozaba mucho de la naturaleza y era muy alegre. Amó intensamente a su familia. Uno de sus Hermanos, se sintió llamado al sacerdocio, como Redentorista y esto fue una bendición para toda la familia. Ella también sentía el llamado del Señor y al venir a Lima conoció a las Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. Allí cambió su nombre por Agustina pero de cariño siempre le decían Aguchita. En 1945 profesó como religiosa. Tenía un sueño muy acariciado, ir a trabajar a la selva, sin embargo, trabajó en diversas casas y servicios de la Congregación. Gustaba momentos personales de oración y de encuentro con los jóvenes. Ella dice que vivió con alegría el carisma de la misericordia, cuidaba de los enfermos o dando clases. Durante cinco años se dedicó a cuidar de una hermana enferma que estaba en la casa de las Hermanas Contemplativas (de la misma Congregación). También vivió en la Comunidad del Noviciado. Ella misma narra: “En 1987 quise servir a mis hermanos más necesitados en la zona de emergencia en La Florida. Desde hacía 11 años, la Congregación hacía presencia allí. Desde hace muchos años el Perú vive un período, donde impera la violencia, principalmente en las zonas populares, donde están los más pobres. En medio de la lucha entre las Fuerzas Armadas peruanas y los movimientos de guerrilla como Sendero Luminoso, el que más sufre, es el pueblo. Trabajar allí era un desafío: abandonar el pueblo o dar la vida por él. Después de rezar y discernir, optamos por "dar la vida". Manifestamos nuestro deseo de permanecer allí. Desde que llegué a La Florida me dediqué a los moradores de aquel lugar con el mismo amor que acostumbro darles siempre. Nunca hice acepción de personas, amé a todos. Amar al pobre es amar la vida. Es amar al Dios de la Vida. En aquella Comunidad mi trabajo fue especialmente con la joven y la mujer del campo, con los más pobres del lugar. Conmigo las niñas y mujeres aprendían a rezar, a tejer, hacer el pan y cuidar de las plantas y de los animales. Quise gastarme como la vela...que ilumina disminuyendo. En febrero de 1989, hice un retiro sobre la "no violencia", en Lima. El día de mi cumpleaños, fui muy agasajada. En septiembre parecía que caminaba a pasos agigantados para la eternidad. Parecía estar viviendo los últimos años de mi vida. Fue una alegría muy grande la visita del Padre Raúl, que se quedó con nosotros por tres semanas. Tuvimos celebraciones Eucarísticas, su venida fue una bendición. Tenía que aprovechar el tiempo... de lo contrario me presentaba delante de Dios con las manos vacías. El Señor es fiel, Dios me dio esta alegría, estar en la selva. En fin: Soy “Arcilla en sus manos En 1990, permanecí más tiempo en Lima, después de las vacaciones, para un tratamiento médico. En abril estuve en el noviciado, esperando una vacante para operarme de las cataratas. Esperé dos meses, decidí volver y dejarla para diciembre, pues el pueblo me necesitaba Con los gritos: Viva Marx, Mao, Lenin, Presidente Gonzalo!! Ejército guerrillero comunista peruano! “Sendero Luminoso” acostumbraba visitar a nuestros pobladores. Disparaban, entraban enmascarados, pintaban muros y de vez en cuando dejaban muertos y heridos. Un día, nos visitaron sin máscaras. Eran tres jefes de 27 a 30 años. Dijeron que no nos preocupáramos, que nuestro trabajo era digno de respeto. Nadie podía salir del pueblo”. Tomado de https://www.hermanasbuenpastor.org El 27 de setiembre de 1990 al pueblo de La Florida llegó un grupo de 15 a 18 jóvenes, incluyendo niños de 10 a 12 años. Todos tenían que asistir a la reunión en la Plaza. Aguchita estaba haciendo dulces con las niñas, salió a cortar unos limones. Una joven la vio y le obligó a ir a la reunión. Ella fue primero a apagar la cocina. La joven dijo al jefe, que no le había obedecido. El jefe del grupo me ordenó a salir al frente, y a colocarme al lado de las personas cuyos nombres estaban en su lista. La asamblea duró una hora. El jefe habló sobre Sendero Luminoso. Al final, leyó la lista de las personas que serían ejecutadas, allí citaban el nombre de Hermana Luisa, de la Congregación del Buen Pastor. Como la hermana no estaba me dijeron: "Tu pagarás por ella!" Fueron 5 moradores y ella. Sor Aguchita junto las manos, quiso arrodillarse, pero le flaquearon las piernas, luego de disparar a las cinco personas, fue asesinada por cinco balas que atravesaron su cuerpo. Una joven de 17 años, mató a todos. Tenía 70 años. Fue la primera vez que un grupo armado, consciente y deliberadamente asesinó una religiosa en el Perú. Aguchita no buscó la muerte, la encontró en el camino, mientras se donaba incansablemente a sus hermanos. El Buen Pastor da la vida por sus ovejas. Fue sepultada en La Florida, poco después la llevaron a La Merced por orden judicial y luego a Lima donde fue sepultada. Su hermano César, Sacerdote Redentorista en el cementerio rezó el responso por ella. El 7 de mayo, en el luggar de su martirio fue bestificada. En el saludo a los peregrinos del día 8 de mayo, luego del rezo del Regina Caeli, el Papa Francisco hizo alusión a la beatificación de Sor Aguchita. “Ayer en San Ramón (Perú) fue beatificada María Agustina Rivas López, llamada Aguchita, religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, asesinada por odio a la fe en 1990. Esta heroica misionera, incluso sabiendo que arriesgaba la vida, permaneció siempre cerca de los pobres, especialmente de las mujeres indígenas y campesinas, testimoniando el Evangelio de la justicia y de la paz. Que su ejemplo pueda suscitar en todos el deseo de servir a Cristo con fidelidad y valentía. Un aplauso a la nueva Beata”.
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