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Carta de las Junioras a la Madre

Nuestras Junioras tuvieron una bella iniciativa: compartir con la Madre su experiencia en el encuentro de jóvenes religiosos a través de una carta.

El sábado 15 pasado, una semana después de haber participado en el pre congreso para jóvenes religiosos, nuestras Junioras tuvieron una bella iniciativa. Compartir con la Madre su experiencia!

 

Así, le han escrito una carta, en la cual le cuentan sobre el encuentro y las reflexiones que suscitó en ellas. Copiamos el texto de la carta:


¡Viva Jesús! Querida Madre Yvonne, le escribimos esta pequeña nota para comentarle sobre nuestra participación en el pre congreso latinoamericano de Vida Consagrada que se desarrolló el 08 de noviembre en la CONFER de Lima. La reflexión giró en torno a la casa de Betania y la resurrección de Lázaro.


Este encuentro nos ha llevado a seguir reflexionando sobre nuestra presencia en la sociedad, cuán significativa es la vida religiosa en medio de un mundo en el que todo avanza velozmente, en el que el grito de la gente, sobre todo de la niñez y la juventud clama por la paz; ¿verdaderamente somos casas que acogen?, ¿cada una de nosotras somos espacio de encuentro con Dios?, ¿somos testimonio que confronta para valorar la vida y discernir con audacia para defenderla a como dé lugar?, con estas y otras interrogantes miramos a Betania que a pesar de la aparente muerte nos enseña a ser casa en la que la amistad, la solidaridad, la comprensión y la vida son esenciales para construir una sociedad donde se respire la ternura de Dios y el amor maternal de la Virgen, nosotras tenemos que transparentar la bondad materna de Dios.


El encuentro con Jesús desata la vida, esta experiencia personal no puede dejarnos quietas, sino al contrario debe movilizarnos para generar más vida. Se pudo constatar que en el compartir con otros jóvenes religiosos se fue “desatando” (expresando) aquello que nos movía por dentro: interrogantes, dificultades y a la vez sugerencias frente a las amenazas de la realidad en que vivimos (el desempleo, la trata de personas, la explotación sexual de menores, el analfabetismo de tantas mujeres en situación de pobreza extrema, entre otros). Fue interesante compartir experiencias y darse cuenta que de una u otra manera a pesar de las estructuras y horarios poco flexibles de nuestras comunidades, el temor de asumir nuevos estilos de pastoral fuera de las de educación formal o las dificultades intergeneracionales, el Espíritu sigue inspirando, moviendo y dando luces para salir y ser valientes en arriesgar.

 

Tenemos mucha esperanza y creemos que somos capaces de crecer en interioridad de manera que Betania sea nuestro corazón sincero, auténtico, consciente de sus heridas, capaz de acompañar a tantas personas sedientas de justicia. A pesar de las dificultades que encontramos en comunidad creemos que creando relaciones auténticas, esforzándonos por un diálogo directo y fraterno podremos continuar la danza de la vida iniciada por Madre Mazzarello y Don Bosco.

 

Con cariño.

Hermanas jóvenes - Perú