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Madre Angela Vallese

Este 5 de agosto trae a nuestra memoria una vida fecunda: Madre Angela Vallese, incansable misionera de la primera hora, gratuita y generosa al donarse toda a todos.

Este 5 de agosto en que celebramos los 142 años de la Fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, trae a nuestra memoria una vida fecunda dentro de la familia salesiana: Madre Angela Vallese, al cumplirse 160 años de su nacimiento y el 17 de agosto los 100 años de su muerte. Incansable misionera de la primera hora, gratuita y generosa al donarse toda a todos.

 

Nacida en el pueblo de Lu Monferrato (Italia), tierra rica de fe y de compromiso misionero, trabajando en casa de los Rota, conoce el carisma de Don Bosco y cuando se entera que este ha abierto una casa de religiosas en Mornés, exclamó: “Es allí donde me quiere el Señor: lo siento...”.

 

Llega a Mornés, y comienza, en la escuela de la Madre Mazzarello y de aquella fervorosa comunidad, un camino de caridad apostólica, expresado a través de la humildad, el trabajo y el sacrificio ofrecido por amor. La partida de Don Cagliero y los primeros salesianos para las misiones, enciende aquella casa de una nueva pasión. Sin duda que este clima hizo renacer en el corazón de Ángela, el deseo misionero que guardaba desde su infancia. 

 

Después de su profesión en agosto de 1876, es enviada a la casa de Turín; y aquella que debía ser pionera en tierra americana tiene la oportunidad de estar más cerca de Don Bosco y absorber más de su espiritualidad y método educativo. Y cuando lee la carta de Don Bosco invitando a las Hermanas que quieran partir a las misiones, ella tímida y humildemente escribe: “Si yo también pudiera servir...”.

 

El 14 de noviembre de 1877 parte de Génova hacia América, más precisamente hacia Uruguay, habiendo sido elegida como responsable del primer grupo misionero de HMA, tenía solo 23 años. Don Bosco y Madre Mazzarello han puesto toda su confianza en estas jóvenes hermanas (entre 25 y 17 años), y las han visto partir con pocos recursos, sin conocer demasiado lo que les estará reservado en el nuevo continente, pero en total disponibilidad y prontas a cualquier sacrificio. Ángela se confía a la Auxiliadora que las acompaña con su Niño sonriente y dice: “No soy yo, sino ella, la verdadera directora”.

 

Así, con simplicidad de corazón, el grupo va comprendiendo que la misión existe donde existe un corazón misionero, por eso llegando a Villa Colón y conociendo nuestra realidad, escribirán: “Si no podemos por ahora ser misioneras entre los salvajes de la Pampa o la Patagonia comenzaremos -como lo ha dicho Don Bosco- a consolidar el Reino de Dios entre aquellos que habiéndolo conocido lo han abandonado”.

 

Ángela en su humildad, se dispone a comenzar un camino abierto a las sorpresas de Dios, poniendo todas energías en el acompañamiento de las jóvenes hermanas, por eso en América todos la llamarán “Madre Ángela”. 

 

Tan sólo dos años más tarde, será elegida como superiora de la primera fundación en Carmen de Patagones, por lo que debe dejar definitivamente el Uruguay. En los últimos días de vida de Don Bosco, recibe la gracia de viajar a Turín y presentarle al Padre, un fruto de sus desvelos misioneros: la indiecita Luisa Peña. Después de participar de los funerales de Don Bosco, junto a su compañera de viaje, va a Roma y recibe la bendición de León XIII. Los tiempos están entonces maduros para que las Hermanas lleguen también a Tierra del Fuego, y, ¿quién mejor preparada que Madre Ángela con la experiencia misionera que ya posee?

 

En diciembre de 1888 llega a Punta Arenas, y comenzarán para ella otras muchas fundaciones, viajes y sacrificios. En 1893 es nombrada visitadora de la nueva Inspectoría chilena.

 

Cuando en 1913, vuelve a Italia para participar del Capítulo, recibe de la Madre General la noticia de que permanecerá en Italia, pues el cuidado de su salud así lo requiere. Un año en la gran casa de Nizza, lejos de tantas cosas y personas que había aprendido a amar mucho, vive “el exilio del corazón”. Y al año justo de haber llegado vive su Pascua el 17 de agosto de 1914.